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miércoles, 26 de octubre de 2016

TRAS EL RASTRO DE ALICIA | CAPÍTULO 5

Querido Anónimo: 


Me incorporo con la ayuda de Marcos e intento a duras penas acomodar mi vestido. Noto la sonrisa plasmada en los rostros de cada uno de los presentes. Oye, por lo menos sirvo como bufón - ¡Mamá, siéntete orgullosa de tu Alicia! ¡Soy buena en algo! Ya no te puedes quejar-. Recuerdo que cuando Alan se caía o le pasaba algo se levantaba orgulloso como si nada hubiese pasado y seguía andando como una diva de Hollywood, si a él le funcionaba a mi también debería funcionarme.
Con todo el orgullo que pude recoger me dispuse a salir de ahí. Pecho arriba, culo para fuera. Paso cerca del guaperas que me deja el camino libre con inquisitiva mirada. Un momento. ¿Qué carajos estoy haciendo, si ni siquiera se dónde ir? Aborten misión. Paro en seco y me doy la vuelta. Como la vida me quiere tanto envió a un pequeño ángel a salvarme de tan patética humillación.
Isabel tiraba de mi vestido para que mi mirada se posara en ella.

-¿Se encuentra bien? No queríamos burlarnos de usted pero es que fue muy gracioso. Escuché un ruido y de repente el pavo ya no estaba. Vi como se chocó contra la pared y como usted caía con todo. - movía las manos simulando lo ocurrido. Por un momento pude ver a mi hermana Noa en ella. Es más, son muy parecidas físicamente. Pero claro Isabel es mucho más dulce y tierna que el animal que duerme a dos puertas de mi cuarto. ¿No es para comérsela? Sonrío a esta dulce criatura y me agacho para quedar a su altura.

-Bueno, sinceramente, si fue muy gracioso. ¿Crees que debería volver para disculparme? Ahora no tienen qué comer. - recibo una sonrisa como respuesta.

-Creo que tenía razón. Por el golpe de la pared diría que no era comestible.

Con Isabel de la mano regresé al comedor. Para mi sorpresa ya estaba casi limpio. La niña me llevo con sus hermanos y los miró esperando algo de su parte que no tardó en llegar en forma de disculpa por su comportamiento. No se si reírme o llorar. Se supone que quién debería disculparse, estar arrepentida y avergonzada por lo sucedido sería yo, no ellos.

-No se sientan mal. Yo debería pedir perdón. Lo siento mucho, no era mi intención causar este estropicio.

-¿Lo puedes repetir otra vez?- contesta uno de los gemelos recibiendo un codazo de su copia.

-Por mí no habría ningún problema. Pero creo que solo la primera vez es la que marca la experiencia, una segunda sería divertida pero no igual.- ¡Toma ya! ¡Qué reflexión me he pegado yo solita! Ahora me podrán ver como una persona inteligente, no como la persona que les dejó sin pavo. Me siento orgullosa.

-Viendo este giro inesperado de los acontecimientos, la comida se pospondrá unos minutos.- interrumpe el conde aproximándose a nosotros. -De mientras, Marion, Lucía, ¿podríais llevar a la señorita de las Heras a cambiarse?

¿A caso me está llamando guarra? ¡Como lo oiga el Salvat se va a liar parda!¡Con la niña de sus ojos no se mete nadie! Alto Alicia. ¿He comentado ya que parezco la niña del pozo? Alan, cariño, ya no hace falta que vengas. Parezco la cerdita Peggy rebozada en barro y caca.
Ya en el cuarto, las hermanas emprendieron una carrera al armario en busca de un nuevo vestido. Una vez escogido se armó la Tercera Guerra Mundial. Si yo pensaba que mi hermana y yo nos llevábamos a matar estaba muy equivocada. Lo peor de todo esto es que me encontraba en fuego cruzado por una cosa absurda. Quién me iba a peinar. Hasta los del Pressing Catch saldría por patas. Son peores que Alan recién levantado. ¡Madre mía!

-Marion, ¿no ves que queda mejor con el pelo recogido? Resalta su cuello.

-Pero no es adecuado. Aún no sabemos si ha sido presentada a la sociedad. ¿Alicia, ya fue presentada?

-¿Presentada? ¿A quién? ¿Hay comida en eso? Tengo hambre.- Lucía guardó la compostura para soltar una carcajada que retumbó en todo el cuarto.

-¡Lucía!- ladró el nombre de su hermana reflejando su descontento- No la toméis en cuenta. Al cumplir cierta edad, las jóvenes son presentadas en un baile y son cortejadas por los jóvenes que acuden a este. Es un paso importante para convertirse en mujer.- respondió mirando de soslayo a la muchacha blue-eyed.

-No sé porqué seguís insistiendo. En su momento ya opiné al respecto y sigo pensando igual. No quiero acudir a ese estúpido baile. ¿Por qué Alicia no ha ido? Yo no quiero ir.

-Puede que Alicia no haya tenido una buena educación, pero eso no sirve como escusa. Tarde o temprano padre te forzará a ir aunque no sea de tu agrado.

No sé si estas dos se dan cuenta de que estoy aquí. Si la "mama" oyera lo que acaban de decir..... Conozco dos personas que tendrían que correr más que el Correcaminos para no ser alcanzadas por mamá osa. Con lo que me cuesta comportarme en su presencia para no llevarme collejones de su parte y ahora llegan estas dos y tiran por la borda la educación que me ha dado mi madre. Respira hondo Alicia. Respira...

-¿Saben que estoy aquí, verdad? Déjenme decirles que están equivocadas.- me levanto de la silla frente al tocador y camino moviendo los brazos intentando explicarme- He recibido una de las mejores educaciones posibles junto a mi mejor amigo. Sé hablar cuatro idiomas. Puede que suene una locura pero desde que me colocaron este collar mi vida no tiene sentido y no tengo ni idea de qué narices pinto yo aquí cuando debería estar en un centro comercial ayudando a Alan con su cita. Despierto en un lugar desconocido y a la primera persona que veo es una tipa que parece que se ha escapado de la casa del terror de la Warner Bros, sin ofender claro. ¿Y vosotras decís que no tengo educación? Pues perdonad que os diga que parece que sois vosotras las que no la tenéis al hablar mal de mí en mi presencia.- ya está, ya lo he dicho. Ahora es cuando me echan de la casa y me tengo que buscar la vida.

-Eso lo explica todo- razona Lucía- Cuando te encontré traías una ropa muy rara que no debería llevar una mujer. ¿Es verdad lo que dices? ¿No eres de aquí?

-No y no sabía cómo decirlo sin parecer una loca.

-Habrá que solucionar este problema pronto pero por el momento hablaré con padre para que te puedas quedar mientras encontramos el modo de hacerte volver.

No me pregunten como le hice para que me creyeran porque ni yo mismo lo sé. Lo que sí puedo decir es que me he ganado dos aliadas en la casa.



GROSSES BISES


martes, 18 de octubre de 2016

TRAS EL RASTRO DE ALICIA | CAPÍTULO 4

Querido Anónimo: 


¿Por dónde empezar? Bueno, Alan solía hacerme bastante bulling psicológico prácticamente desde que me conoció. Solía gritar por la calle: "¿Ven a este feto con patas de caballo? ¡No hace una mierda por la humanidad! ¡Es una vaga que no tiene novio! ¡Va a morir soltera y rodeada de gatos! ¡Será la tía solterona y esta belleza de persona, osea, yo, va a estar para reírse de sus desgracias!". Creo que si estuviese presenciando el desastre que acabo de crear, ahora mismo estaría gritándome lo patosa que soy y riéndose del momento. Creo que también me haría una foto y la subiría a las redes sociales y le podría de título : Alicia haciendo otra de las suyas, patética modo on. 

Y pensaréis, ¿pero qué narices ha pasado? Pues bien, ¿recordáis el pavo que había en la mesa-desfile? Accidentalmente voló y me hizo volar y yo volé de él. Pero volé de él acá por la arbolada, él voló y se estrelló con la pared y se reventó todito. Y yo gracias a Dios estoy bien y él está ahí no sé como, pero quiero que se mejore.


Os sitúo. El resto de los Rubio entró al comedor. Deberían ser cinco, pero no, fueron seis. Marion entró de la mano de una niña de rubios cabellos rizados recogidos por una cinta imitando una diadema. Supongo que era Isabel. Tras ellas, entraron como un torbellino dos gotas de agua idénticas. Carlos y Fernando, altos, morenos con avellanados ojos. 
El apocalipsis viene a continuación. Mientras que todo esto pasaba, disimuladamente me acerqué al maravilloso pavo ya que no estaba conforme con la proporción que tenía de ese suculento, apetitoso, delicioso, etc. Bicho. Con tenedor y cuchillo en mano me dispuse a cortar un trozo más grande para este cuerpo serrano - Alan, gracias, mi ego está subiendo por tu mala influencia-. Vamos a ver, yo no me mantengo del aire. A mí me tienen que dar de comer. Pero cosas con sustancia, con chicha, no una mierda de trozo que no alimenta ni a la Kardashian.

Sinceramente, yo no estaba preparada para esto. A mí me deberían haber avisado. 
Dos dioses griegos entran conversando a la sala. Cada cual más guapo, más sexy y más buenorro. 
¿Sabes de esos momentos que ocurren a cámara lenta? Pues aquí viene uno. 

De la impresión que me dió, clavé el cuchillo con una fuerza desmesurada al pobre pavo más muerto que Michael Jackson -¡MICHAEL, TE QUIERO, SIGUES VIVO EN MI HEART!- , lo malo es que lo pinché mal y voló. Pero recalco, voló. Todos giraron a ver el escándalo y vieron como los dejé sin comida.
El ave resucitó y quiso emprender vuelo. Yo corrí detrás de él para que no se escapase y, cómo no, todo se volvió en mi contra. Conseguí alcanzar el bicho pero el estúpido vestido se enredó en mis pies provocando que tropezara de la forma más patosa posible hacia delante llevándome conmigo el mantel de la mesa y todo lo que había en ella. El pavo se estrelló contra la pared dejando un bollo más grande que el ego de Alan -imagínate como estaría pa' comer, lo mismo hasta les hice un favor-. Y yo me comí el suelo. 
La vida me dijo: ¿No tenías hambre? ¡Pues come suelo! En mi defensa he de aportar un dato importante, el suelo estaba solo y triste, a si que, decidí abrazarlo para consolarlo un poco.
Un silencio incómodo y más cortante que la hoja de un cuchillo se instauró en la sala. Mi ropa estaba pringada de comida y bebida, pero eso en este momento era lo menos importante. 

-¿Ups?- una sonrisa nerviosa se implantó en mi cara tras lo ocurrido.-Para mí que ese pavo no era comestible....- de repente, una carcajada se escuchó de fondo seguida de otra y otra y otra.....  En definitiva se estaban riendo de mí. Es comprensible, yo también lo haría.
Una mano apareció en mi campo de visión. 

-¿Se encuentra bien?- la voz más ronca y más varonil que jamás había escuchado, procedía de uno de los culpables de este desperdicio de comida. Es más, si no estuviese en estas condiciones tan patéticas, me levantaría y le gritaría: ¡Tú niño, que la comida no se tira! ¡Ahora vas y lo recoges con la lengua!, todo esto seguido de un collejón. Pero esto no es un mundo perfecto y la cruda realidad destroza todos tus sueños (positivismo modo on).

Lo bueno de todo esto es que, mientras que me incorporaba, pude apreciar -acosar o comer con la miraba- a ambas criaturas inmortales. 
Quien me ayudaba a levantarme, se presentó como Marcos. Morocho con gran porte. Derrochaba elegancia en cada movimiento luciendo una sonrisa amplia y brillante, de esas de los anuncios de pastas de dientes que son todas mentiras porque a mí no me han hecho nada, pues de esas. Los hoyuelos que enmarcaban sus perlados dientes y la ausencia de barba le daban un aspecto juvenil y cautivador. Rebeldes mechones sobresalían de su corta cabellera dándole la apariencia de recién levantado. 
No obstante, el joven que yacía bajo el marco de la puerta observando la escena con un rastro de sonrisa en sus gruesos labios, era todo lo contrario a Marcos. Verdosa mirada se encontraba encerrada tras largas pestañas curvadas. Su fina mandíbula mostraba el comienzo de una barba morena que hacía contraste con su claro cabello peinado hacia atrás. Orejas de soplillo aniñaban el rostro varonil del inmortal, quien centró una mirada pícara a mi persona. Hugo Gómez.


GROSSES BISES







martes, 11 de octubre de 2016

TRAS EL RASTRO DE ALICIA | CAPÍTULO 3

Querido Anónimo:




Llevo más de una hora -bueno, quizás no tanto- dando vueltas por la habitación. Con deciros que como siga así le voy a hacer un agujero al suelo, os podéis hacer una idea. Es más, si me hicieran un examen describiéndola lo aprobaría con la nota esa tan grande que yo nunca he tenido. Seamos sinceros, el día que yo saque un 10, algo anda mal. ¡Bueno ya, que me desvío! Total, que me he vuelto a despertar más desorientada que Kiko Rivera de resaca.
Aún sigo pensando qué narices hago yo aquí y todos los caminos van a parar al dichoso collar. Os juro por snoopy que ya he intentado sacármelo, pero es que es imposible. IMPOSIBLE. No se puede. Estoy hasta por echarme a llorar en el suelo porque no hay narices a sacarlo. Es como si estuviese hecho de esa cosa muy resistente que tiene..... De eso mismo.

-¡Vaya! ¡Habéis despertado!

Una voz interrumpe mi momentazo de reflexión. Giro quedando frente a la dueña de esta. Lucía. Una adolescente de mi edad -año arriba, año abajo-. Se encuentra bajo el marco de la puerta expectante a mi respuesta. Luce diferente. No lleva el vestido de la otra vez. A ver, no la estoy llamando guarra, solo que no es escotado como creo que era el otro. Este llega hasta el cuello y no deja piel a la vista. De todas formas, no se nota tanto porque su larga melena azabache cubre la tela. Lo que más destaca en su rostro son sus impresionantes ojos azules. Tiene una mirada gélida impactante. De estas que salen en las películas y la tiene el malo que suele ser calvo, pues de esas. Aunque su parecido con Marion está oculto, basicamente parecen el día y la noche.

-Eh.... ¡Sí! Hola.

-¿Cómo se encuentra? Tiene mejor aspecto.- camina hacia una silla que había cerca de la cama y deposita un vestido en ella - Ya que está despierta, si quiere le ayudo a cambiarse. -señala la prenda- Le he traído uno de los míos. Creo que le estará bien.

-Supongo que gracias. - una mueca intento de sonrisa adorna mi cara - No creo que sea necesario.

-¡Por supuesto que lo es! Hay que bajar a almorzar para que puedas conocer a mis padres.- dijo mientras se dirigía a la puerta - ¡Manuela! ¡Venga!

Una mujer mayor se aproxima al cuarto digno del Hilton y tras pedir permiso agarra el vestido y se dirige en mi búsqueda para encasquetarme los trapos esos. De verdad que he intentado huir pero la mujer es más rápida que sonic. Como puede me quita lo que llevo -no recuerdo haberme puesto un camisón- y me coloca el dichoso harapo, me sienta a la fuerza en una especie de tocador y peina mi enredadera morena.

-Vayámonos ya querida. No los hagamos esperar.- toma mi brazo y me lleva arrastras hacia las escaleras. Estoy empezando a pensar que esto de que me lleven "a trompicones" a todos lados se está volviendo una costumbre. Madre mía. Si parece que vamos a apagar un fuego.

A los pies de las escaleras se encontraban quienes deberían ser los padres de la joven que me quiere arrancar el brazo. Ambos guardaban celosamente un aspecto juvenil envidiable.

-Me alegro de que se encuentre bien y nos honre con su presencia en la mesa, señorita...- la dulce voz de la mujer hacía eco en mi cabeza mientras ella, pacientemente, agarrada a su marido, esperaba una respuesta de mi parte.

-De las Heras, Alicia de las Heras.- estiré mi mano hacia ella, obteniendo a cambio una mirada interrogante de su parte. ¡Qué momento más incómodo! Es como si te dejasen colgado en un "give me 5" , habrá que disimular un poquito. Retiro la mano tendida y la deslizo como si tuviese un capote hacia la espalda dejando entre ver una sonrisa traviesa sin malas intenciones. Solo faltó el "¡Olé!".

-Señorita de las Heras.- el hombre recoge mi mano encarcelada entre la de Lucía y besa su dorso - Deje que le presente a mi amada esposa la Condesa Rubio.

-No le tome mucha importancia al título. Prefiero que me llamen Esmeralda al igual que a mi marido Maximiliano. -sonríe al susodicho.

-Pasemos mejor la conversación a la mesa si gustáis. - propone el Conde.

Bien. Aquí es donde debería morderme la lengua pero sinceramente lo que ven mis ojos no lo creen. Una mesa más larga que una pasarela llena a rebosar de comida. Pero no de cositas "pitiminis" de las que ponen en los restaurantes esos de Barcelona. No, no. Comida de la buena que te obliga a limpiarte la baba nada más verla.

-Me cago en la put...  ¡PUM!- grito estrepitosamente haciendo movimientos con las manos intentando disimular la palabrota que se me iba a escapar. -Una mosca.

Lucía me mira raro ocultando la risa que está por salir de su garganta. Me siento cerca del recipiente de pavo al que pronto le hincaré el diente sin esperar a tantas parafernalias que, al fin y al cabo, me sientan como si colocaran un billete de 50€ delante mía y me dijesen "No lo cojas".
Quienes supongo que serán las sirvientas, cortan trozos del pavo y lo distribuyen por los diferentes platos de la mesa. Nueve platos, cuatro personas en la sala. Vamos a ver, mu' lista no soy pero sé contar, y sobran. O se han equivocado o viene más gente a comer y yo no me he enterado.  Supongo que mi cara ahora mismo es un poema porque ella contesta mi pregunta no formulada.

-Los puestos vacíos son para mis hermanos. Estarán por llegar. Partieron con los Gómez en la mañana. - la miro dubitativa - Sí. Verá, somos seis Rubio. Ya conoció a Marion, es la mayor . Le sigue Marcos y tras este, voy yo. Más tarde nacieron los gemelos Carlos y Fernando. No te fíes de ellos son el diablo en persona. - susurra lo último mirando el plato- Y por último Isabel. La princesa de la casa.

El sonido lejano de caballos se hace cada vez más notorio en el comedor. Y no es hasta que él pone un pie en la sala que experimento la sensación del corazón desbocado.


GROSSES BISES









martes, 4 de octubre de 2016

TRAS EL RASTRO DE ALICIA | CAPÍTULO 2

Querido Anónimo:


*Flashback*

Seguía el ritmo de la música con los dedos tamborileando la mesa absorta del ruido de la cafetería y de todo lo que allí pasaba. Os pondré en situación, hace media hora que el señorito Alan Salvat debería estar sentado en la silla desocupada de enfrente. Pero recalco que está desocupada. Siendo franca, no hay cosa que más me saque de quicio que la impuntualidad. Lo peor de todo esto es que mi mejor amigo lo sabe y lo hace a propósito. Vale, no. No lo hace a propósito, el pobre viene con retraso de fábrica y por eso siempre llega tarde. ¿Lo pillaron? ¡Venga que es bueno! Retraso de llegar tarde y retraso pues de retraso, ¿qué sino? Vale, vale, quizás no es tan bueno. Pero en fin, para qué sino están los amigos -como yo- si no hacen bulling.

-¡EH! ¡Morena! ¡Despierta!- tan centrada estaba en la nada que ni cuenta me dí de que el rey de Roma había llegado.

-Salvat, ¿qué te tengo dicho de llegar tarde? Tío, que parece que lo haces apropósito. ¿Es eso verdad? Lo haces para que me salgan canas verdes. Pues que sepas que mi genética es lo suficientemente buena para que eso no pase. Has perdido chaval. - le solté la riña más rápido que un coche de F1. Sinceramente, no sé cómo no me ahogué ni cómo el susodicho me entendió. En ese momento me miraba con una ceja alzada esperando algo más.

- A ver morena, no lo hago apropósito. O quizás sí, pero nunca lo sabrás

-Mira que me da igual, ese no es el punto. ¿Qué narices es tan importante como para que me saques de mi casa cuando estaba viendo Juegos de Tronos? Tu cabeza está en juego como no me convenzas - le apunté con el dedo mientras enfatizaba la serie dándole más dramatismo al asunto.

-Si, si. Lo que tu digas.- dijo mientras movía las manos restandole importancia- ¿Te acuerdas del chico ese que te dije, con el que me tropecé en la salida de tu piso? Pues resulta que hoy me ha hablado por whatsapp y me ha dicho de quedar este viernes.

Bien aquí es donde hago una aclaración bastante importante. Mi queridísimo Alan es gay. Si señoras de todo el mundo, el buenorro de Salvat es de la otra acera. ¡Qué desperdicio de niño! ¿Quién lo va a tratar mejor que una mujer? ¡Nadie! -bueno quizás no-. Es simplemente el chico perfecto, para qué mentir. Su rostro es el más varonil que haya visto alguna vez. Está cubierto por pequeños lunares esparcidos por el contorno de su mandíbula cuadrada de la que se puede apreciar el delicado rastro de la barba de unos días. Tiene unas pestañas envidiables, largas y más oscuras que una noche sin luna. Su cabello despeinado está ligeramente echado hacia atrás dandole un aspecto sexy. La camiseta negra se le ajusta con maestría a su cuerpo marcando su trabajo de operación bikini. Pero lo que mejor le sienta son los tatuajes que rodean sus biceps. Vamos que a cualquiera se le cae la baba con este bombón. No me sorprende que llame la atención de mi vecino Diego -aunque el tampoco está muy mal que digamos (sonrisa perversa)- os voy a desvelar un secreto, yo he nacido con un único objetivo en esta vida: cambiarle de acera.

-¿Y bien? ¿Eso era todo? ¡Que le corten la cabeza! - salté de la silla llamando la atención de los presentes mientras practicaba mi momento a lo Queen of hearts.  -Te voy a decir algo, ¿ves eso que está en tu mano? Se llama móvil, y sirve para comunicarse con las personas a distancia. - contesté "relajadamente".

-Alto ahí Ali, que no es para tanto. Si ya has visto la serie más veces de las que deberías - metió en mi boca unas cuantas servilletas en un intento de callarme. ¿Lo vieron? ¡Servilletas! Me quiere matar. Definitivamente me quiere matar, si no es su belleza, son las servilletas. - Necesito consejo. Más bien te necesito para.....- él seguía hablando de algo que no presté atención porque fue escuchar "te necesito" y mi mente me trasladó a una casa en el campo, niños corriendo por el pasto en busca de su padre quien venía con una sonrisa hacia su esposa, osea yo y Alan. - Y por eso es que... ¡Alicia de las Heras! ¿Me estás escuchando? - salí de mi empanamiento tan rápido como entré.

-Claro que si. Me necesitas.

-Bien pues vámonos.

-¿A dónde? 

-Niña tonta. Pues a dónde sino. A comprar ropa para mi cita.

Salí de la cafetería arrastrada por Alan quien parecía tener mucha prisa porque no le veo otro motivo para sacarme del local y descolocarme el brazo. Llegamos al centro comercial que había a dos calles de la cafetería para arreglar "el desastre de vestimenta" que decía tener mi amigo.

-Querida- me llamó la persona que sostenía mi brazo e impedía mi ingreso a la tienda. Se trataba de una señora mayor que daba a pensar su posición social, puesto que su ropa se encontraba sucia y gastada.

-¿Desea algo?- a ver..... yo puedo ser cortés si me lo planteo.

-He visto tu luz interior llegar a mí como la luz del sol más deseada el la oscuridad de este triste edificio.

-No la comprendo. - tiraba de mi brazo disimuladamente para soltarme de su agarre. ¡Sí que era fuerte la mujer!

-Vi tu futuro a través de tu aura. Te espera un largo camino por recorrer pero te falta la flecha que te indique como llegar.- respondió mientras se quitaba el collar que adornaba su cuello y lo colgaba en el mio. -No temas a lo que está por venir, eres fuerte e inteligente. La elegida entre otras muchas. Lo harás bien.

Y se marchó dejándome en la entrada de la tienda más tiesa que una estatua y más desorientada que una brújula con un imán al lado.

*Fin del Flashback*


GROSSES BISES


martes, 27 de septiembre de 2016

TRAS EL RASTRO DE ALICIA | CAPITULO 1

Querido Anónimo:



Me remuevo entre las sábanas que me tienen presa para poder cambiar de postura y seguir durmiendo plácidamente. Sinceramente no sé de donde narices ha sacado mi madre estas mantas, juraría que ayer pesaban menos. Tampoco me voy a detener mucho en pensar si las sábanas son de Zara Home o del Ikea, pero de que son calentitas lo son. De repente, siento como alguien coloca un trapo mojado en mi frente. Está frío. ¿Estaré enferma y por eso deliro pensando en colchas? Que patético, debería estar pensando en Jon Kortajarena sin camiseta montado en un unicornio y rescatandome.
 Se empiezan a escuchar voces lejanas. Como no afine el oído la llevo clara para enterarme. No me juzguen, lo de cotilla viene de familia. Creo que lo de cambiar de postura antes no ha sido tan buena idea como pensaba, tengo el culo entumecido. Necesito seriamente salir de aquí y estirar las piernas.
Me incorporo lentamente haciendo más maniobras que los hombres esos que movían las palas para que aterrizaran los aviones. ¡Madre mía, sí que pesan! 

-Ya se está despertando, Marion. ¡Isabel, llamad a madre!

-Tranquila querida no os levantéis de una vez u os hará mal. - dijo la dueña de la mano que yacía en mi frente sujetando el paño.

No respondí nada a aquello, no es que no quería. No podía. Notaba la garganta reseca, me sentía peor que el cantante de Metallica después de un concierto. Bueno, quizás es un poco exagerado. Me detengo a observar a la joven de mi derecha. Su dorado cabello está recogido en un moño perfectamente colocado a la altura de la coronilla adornado con una trenza a su alrededor. Sus ojos marrones destacan tras unas tupidas pestañas dándole un aspecto inocente a su mirada. Tiene el rostro fino y delicado como las muñecas de porcelana de la casa de mi abuela, pero ella no da miedo, al contrario, su sonrisa es acogedora y amable. Lo que más me llama la atención es su vestimenta. Parece que se ha escapado de una fiesta de disfraces o algo por el estilo, le queda bien , me gustaría tener uno de esos de no ser por como le frunce la cintura. ¡Madre mía, se va a asfixiar! No recuerdo en ningún momento haberme dormido y mucho menos en una habitación como esta.
Vamos a ver Alicia, piensa qué narices has hecho para despertarte en un cuarto desconocido más grande que el de tu hermana y el tuyo juntos.

-¿Cómo se siente?

La joven me ayuda a incorporarme y me da a beber un poco de agua. Carrasqueo un poco y me dispongo a hablar:

-¿Dónde estoy?¿Qué ha pasado?¿Quién eres?- una risa interrumpe mi interrogatorio.

-Se encuentra en el condado Rubio- habla la segunda voz en la habitación - Mi nombre es Lucía y ella es Marion. La encontramos en las caballerizas recostada en el pasto con alta fiebre. Decidimos cuidarla hasta que se recuperara. ¿Sabe qué hacía allí?- negué en respuesta.

Intenté recordar en vano.... Un momento... ¿condado? , ¿caballerizas? ¿Pero qué demonios? Algo en mí hizo clic y millones de imágenes surcaron mi mente refrescandome la memoria. Esto no puede ser posible, tiene que ser una broma de Alan lo más seguro. Una carcajada surge de lo más profundo de mi garganta.

-¡Alan! Muy gracioso, por un momento pensé que estaba en otra época. Esta vez si que te lo has currado campeón. Por poco me lo creo- grito a pleno pulmón. - ¡Chaval, hasta has contratado actrices! Hay que admitir que su papel lo están bordando. ¡Ya puedes salir de tu escondite y burlarte de mí! - pego un salto y salgo de la cama- ¡Madre mía, que pedazo de cuarto!

-Disculpe, ¿pero de qué está hablando? Debería descansar un poco más para que la fiebre se vaya del todo. - menciona la joven rubia cuyo nombre ahora sé que es Marion.

-Creo que está delirando. ¿Qué es un Alan?

-No os hagáis las suecas conmigo que ya os he calado. ¡Alan, sal ya!- los brazos de Marion impiden que siga caminando por la habitación y me devuelven a la cama.

-Señorita no se de qué está hablando. Haga el favor de recostarse hasta nuevo aviso.- su sonrisa fue acaparada por un semblante serio y frío. Ahora entiendo cuando dicen eso de "si las miradas mataran estaría a tres metros baja el suelo", lo mismo he hecho un popurrí de ideas pero yo me entiendo.

-Entonces, ¿no es una broma? ¿De verdad que estoy aquí? ¿Aquí?

Lucía me muestra una sonrisa digna del gato de Cheshire.

-Estamos en 1745 querida.

Si ahora mismo tuviese un folio al lado de mi cara perfectamente podrían decir que somos primos hermanos. Rápidamente me llevo la mano al pecho por el asombro y algo frío impacta contra esta. Y es ahí cuando noto la esmeralda del collar. Retiro lo dicho. No podrían decir que soy prima de un folio, más bien le podría quitar el puesto a la niña del exorcista.  Me enderezo de la cama como si tuviese un muelle. Mala idea. Todo se está volviendo más oscuro que la boca de un lobo.

-Maldita gitana.

Es lo último que llego a pronunciar antes de caer inconsciente.




GROSSES BISES







miércoles, 21 de septiembre de 2016

TRAS EL RASTRO DE ALICIA | SINOPSIS

Querido Anónimo:


Aquí es donde debería decir algo como: los primeros rayos del sol acariciaban mi rostro y me daban un dulce despertar como todas las mañanas (agregad una sonrisa de mi vida es perfecta) ¡Mentira!
Una vez más, aquel pequeño artefacto, colocado en la mesita de noche, arruina mi existencia. Con los ojos aún cerrados alargo el brazo en busca del responsable de mi desdicha y voy tanteando con la mano hasta encontrarlo. Pulso lo que creo que podrá callarlo sin éxito. ¡Venga ya! El sonido se cuela en mi sistema perforando cada rincón a su paso con la intención de despertarme, cosa que no va a pasar otra vez. Harta, lo cojo y lo lanzo a la nada sin saber donde caerá, pero de algo ha servido porque ya no se le escucha.
Siempre he pesado que no hay cosa más horrorosa en esta vida que escuchar el estridente ruido del despertador recordándote lo miserable que eres al no poder dormir más porque has cumplido el plazo. Creo que este es el cuarto o quinto despertador que rompo en una semana. A este paso no me  volverán a comprar otro y tendré que utilizar el móvil en su puesto, pero a ese si que no le hago pupa, entiéndanme eso no se repone así tal cual, ni que fuese Amancio Ortega.... Fue el último día que escuché al objeto demoníaco que acababa con ese "y que sueñes con los angelitos". De todas formas no le iba a echar de menos.
Debería presentarme y hablar un poco sobre mí y qué pinto aquí. Pero colega eres tú el que te has metido. Solo te puedo decir que me llamo Alicia y que la otra noche cuando me fui a dormir no me imaginé despertar con ropa de otra época y en otro siglo.

GROSSES BISES